traductor

martes, 24 de abril de 2018

El ‘respirador artificial’ para órganos que promete revolucionar los trasplantes

El ‘respirador artificial’ para órganos que promete revolucionar los trasplantes

La donación de hígado mejora gracias a una bomba de sangre que mantiene al órgano vivo

Cuando muere un donante, los órganos destinados al trasplante se enfundan en bolsas con fluido de preservación y se meten en hielo. El diseño del contenedor de órganos apenas ha variado en los últimos 40 años: sigue siendo muy parecido a la nevera en que se llevan los refrescos a la playa. Pero el frío y la falta de oxígeno pueden dañar el órgano. Se acumulan radicales tóxicos, las mitocondrias sufren daños y se genera una reacción inflamatoria al volver la circulación. Un estudio publicado este miércoles en Nature indica que es hora de revisar el protocolo. En él, científicos europeos demuestran la eficacia clínica de una máquina que permite mantener órganos donados en un estado parecido a su fisiología natural —con circulación sanguínea y a temperatura corporal— antes de la operación.
La máquina de perfusión normotérmica, como se llama, es invento de dos investigadores de la Universidad de Oxford (Reino Unido), Peter Friend y Constantin Coussios. Ellos llevan dos décadas desarrollando el aparato y probando su eficacia con hígados de cerdo. Frente al almacenamiento en frío habitual, la perfusión tiene la gran ventaja de abastecer al órgano con oxígeno. La circulación de sangre (obtenida del banco de donaciones) evita el daño celular y permite añadir nutrientes y medicamentos, por ejemplo anticoagulantes, para minimizar la alteración del metabolismo habitual del hígado.
El nuevo estudio, financiado por la Comisión Europea, es el primer ensayo aleatorizado que compara la tecnología de perfusión con la preservación en nevera. De 220 trasplantados, los que recibieron hígados conservados por el proceso de perfusión mostraron exactamente la mitad del daño celular que los receptores de órganos enfriados, a pesar de que los órganos que pasaron por la máquina estuvieron de media un 54% más de tiempo fuera del organismo. Los investigadores estimaron el daño celular postrasplante a partir de los niveles de aspartato transaminasa. Esta enzima de las células del hígado se emplea en la clínica como bioindicador de degradación y su concentración está correlacionada con el fallo de injerto hepático.
El trasplante de hígado es un tratamiento muy eficaz, pero hay tal escasez de donantes que uno de cada cinco pacientes muere esperando el órgano, explica David Nasralla de la Universidad de Oxford, el autor principal del estudio. Además, los cirujanos se ven obligados a descartar un cuarto de los hígados donados por presentar patologías o características de riesgo para la operación; en España se desechan así unos 400 hígados al año. Los investigadores anotan que en el ensayo se descartaron el doble de órganos almacenados en nevera (32 de 133) que los conservados por perfusión (16 de 137). Esto se traduce en un aumento del 20% en el aprovechamiento de los órganos donados gracias a la máquina.
Un hígado donado en la máquina de perfusión normotérmica 'OrganOx'.ampliar foto
Un hígado donado en la máquina de perfusión normotérmica 'OrganOx'. 
El aparato de Friend y Coussios tiene el nombre comercial de OrganOx. Por ahora solo se ha empleado para la perfusión de hígados, pero los investigadores ven la posibilidad de extender su uso a otros órganos. Otra ventaja clave de la bomba es la posibilidad de mantener los injertos fuera del cuerpo hasta 24 horas, lo cual podría permitir donaciones a larga distancia y también retrasar operaciones nocturnas hasta la mañana para reducir el coste de la cirugía. Aun así, no todo son virtudes: el aparato es más grande que una nevera, cuesta más (entre 6.000 y 8.000 euros, aunque varios hospitales tienen unidades de préstamo aseguradas) y exige la formación especializada del personal que vaya a utilizarlo. Por eso, los médicos consideran que su utilidad será mayor para recuperar órganos dañados.
La perfusión normotérmica abre la posibilidad de utilizar aquellos injertos que se descartarían para el trasplante
“Ante injertos en muy buenas condiciones, el beneficio que va a aportar será pequeño y probablemente no merezca la pena el coste”, opina Gloria de la Rosa, médico adjunto de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) y coordinadora del Registro Español de Trasplante Hepático, que no participó en la investigación. Sin embargo, la perfusión normotérmica “abre la posibilidad de utilizar aquellos injertos que a priori se descartarían para el trasplante”, añade la doctora. La máquina permite, por primera vez, mejorar y monitorizar en tiempo real el estado fisiológico de un órgano donado antes de tomar la decisión de trasplantarlo. “Vamos a ver una película dinámica: un hígado que parte de unas condiciones que no son las mejores puede ir estabilizándose si le aportamos oxígeno y los nutrientes necesarios. Le damos la oportunidad de recuperarse”, explica De la Rosa.
La perfusión supone una revolución, sobre todo, para las donaciones llamadas “en asistolia”, o a corazón parado. Recuperar órganos viables de donantes fallecidos por infarto es todo un reto, especialmente si mueren fuera del hospital. Los órganos sufren más de lo habitual y suele ser imposible predecir la calidad del injerto antes del trasplante. El Hospital Clínico de Barcelona cuenta con un grupo especialista en esta clase de trasplantes. Aunque los médicos no llegaron a desarrollar una bomba propia patentada hace años, sí someten los órganos donados en asistolia a una circulación extracorpórea. No siempre funciona, confiesa Juan Carlos García-Valdecasas, jefe del servicio de cirugía hepatobiliopancreática y trasplantes del Hospital Clínico. Ahora están realizando estudios en colaboración con el grupo de Oxford, financiados por La Caixa y Mutua Madrileña, para mejorar el éxito de estos trasplantes. Hace tres meses llevaron a cabo su primer trasplante de hígado en asistolia con una máquina OrganOx. “El hígado estuvo en la bomba durante 12 horas y el éxito fue total”, asegura el cirujano.

https://elpais.com/elpais/2018/04/18/ciencia/1524048502_145770.html

 

Desarrollado el primer fármaco con el potencial de curar la diabetes tipo 1

Desarrollado el primer fármaco con el potencial de curar la diabetes tipo 1

Científicos españoles han creado una molécula que regenera las células productoras de insulina

La molécula sintetizada reduce la respuesta autoinmune y promueve la proliferación de células beta. En vídeo, explicación en dos minutos del fármaco.
Un fármaco nuevo, probado con éxito en ratones y en cultivos de células humanas, es capaz de revertir los síntomas y las causas de la diabetes tipo 1. Si se demuestra su eficacia y seguridad en ensayos clínicos, podría suponer una cura para la enfermedad. El logro, detallado hoy en Nature Communications, es de un equipo internacional de científicos encabezado por investigadores del Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (Cabimer) de Sevilla. Ha llevado varios años identificar un receptor molecular adecuado que se pueda activar con un fármaco; ahora que lo han descrito, será posible diseñar varias moléculas sintéticas para dar con el medicamento idóneo.
“Si realmente son capaces de trasladar esto a humanos, y eso será en un futuro no corto, tiene aplicaciones no solo en prevención sino en tratamiento. Esto abre una puerta a la curación de la diabetes tipo 1”, ha dicho del avance el investigador Ramón Gomis, catedrático emérito de la Universidad de Barcelona y ex-director del instituto de investigaciones biomédicas Idibaps, que no participa en el estudio.
La diabetes tipo 1 es una condición autoinmune que suele aparecer en la infancia. En los 21 millones de pacientes que la sufren, los linfocitos destruyen las células beta del páncreas, encargadas de almacenar y secretar insulina, creando una dependencia de por vida a la inyección de esta hormona. El nuevo fármaco hace dos cosas: reduce el ataque autoinmune y repone la población de células beta destruidas. Hasta ahora, los tratamientos disponibles —inmunosupresión o terapias celulares— solo podían cumplir una función o la otra, respectivamente.
“Para curar la diabetes hay que hacer las dos cosas: fabricar células que sustituyan a las que no funcionan y detener la causa”, explica Bernat Soria, director del Departamento de Regeneración y Terapias Avanzadas de Cabimer y fundador del centro. El también ex-ministro de Sanidad ofrece el rescate bancario como ejemplo: aunque se invierta dinero en reflotar los bancos, afirma, “si no resolvemos el problema que nos llevó allí, volveremos”.
Fotografías microscópicas del páncreas en un animal de prueba. Arriba: el fármaco reduce la infiltración de células inmunes (puntos morados más oscuros). Abajo: el fármaco aumenta la producción de insulina (en rojo).ampliar foto
Fotografías microscópicas del páncreas en un animal de prueba. Arriba: el fármaco reduce la infiltración de células inmunes (puntos morados más oscuros). Abajo: el fármaco aumenta la producción de insulina (en rojo). 
La estructura del nuevo compuesto químico (BL001) está protegida por una patente de la Fundación Pública Andaluza Progreso y Salud. Su diseño le permite activar un receptor molecular situado en la superficie de algunas células inmunes y de las células del páncreas, según explica la primera autora del estudio, Nadia Cobo-Vuilleumier. Esta interacción reduce la respuesta inflamatoria y protege a las células beta.
El mismo receptor también se encuentra en las células alfa del islote de Langerhans, que son las encargadas de almacenar y secretar la hormona glucagón. El fármaco provoca la transformación de células alfa en células beta. Este insólito fenómeno, conocido como transdiferenciación, resuelve un problema clave al que se enfrentan las terapias celulares, que es el de regenerar la población de células beta a partir de una muestra inexistente o severamente dañada. “Es muy novedosa la idea, pero finalmente tienen resultados que han convencido”, opina Gomis.
Desarrollar un fármaco desde el laboratorio hasta el paciente cuesta unos 20 millones de euros
El fármaco ha tenido éxito para prevenir y tratar la diabetes en ratones transgénicos y en cultivos de tejido pancreático donado por las familias de pacientes fallecidos. El investigador principal de Cabimer, Benoit Gauthier, querría tener un medicamento viable “lo antes posible”, pero asegura que es imposible saber cuándo lo conseguirán. “Desarrollar un fármaco desde el laboratorio hasta el paciente cuesta unos 20 millones de euros. Hemos gastado tres millones ya. Si me das 17 millones mañana, en unos pocos años, si todo va bien, ya estaría en el mercado”, afirma. Además de la financiación pública, esta investigación ha recibido contribuciones de las asociaciones de padres Juvenile Diabetes Research Foundation de Nueva York (EE UU) y DiabetesCERO en España.
El compuesto patentado es solo uno de varios que ahora se crearán con el fin de identificar los que tengan umbrales más bajos de eficacia y más altos de toxicidad. Aunque a los ratones se les administró la molécula por inyección, el objetivo final es crear una pastilla. Con suerte, un medicamento como este podría crear tolerancia inmunitaria permanente. “Las empresas farmacéuticas preferirían una pastilla que los pacientes tengan que tomar de por vida, pero mi deseo es que se pueda reeducar al sistema inmune”, concluye Gauthier.
Investigadores del centro Cabimer en Sevilla. En el sofá, de izquierda a derecha: Benoit Gauthier (jefe de laboratorio), Nadia Cobo-Vuilleumier (autora principal de la investigación) y Bernat Soria (director del departamento). Detrás, de izquierda a derecha: Esther de la Fuente Martin, José Manuel Mellado-Gil, Petra I Lorenzo y Alejandro Martin Montalvo.ampliar foto
Investigadores del centro Cabimer en Sevilla. En el sofá, de izquierda a derecha: Benoit Gauthier (jefe de laboratorio), Nadia Cobo-Vuilleumier (autora principal de la investigación) y Bernat Soria (director del departamento). Detrás, de izquierda a derecha: Esther de la Fuente Martin, José Manuel Mellado-Gil, Petra I Lorenzo y Alejandro Martin Montalvo.

UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA MUNDIAL

La diabetes es la enfermedad con la prevalencia más alta del mundo: afecta a 430 millones de personas. De esas, aproximadamente el 95% son de tipo 2 y el 5% son de tipo 1. Mientras que la diabetes de tipo 2 suele aparecer en adultos con obesidad y se puede controlar con la pérdida de peso, la de tipo 1 es una enfermedad autoinmune que no tiene cura y requiere la inyección periódica de insulina. No siempre se manifiesta en la infancia, ya que puede aparecer en adultos después de una reacción inmunológica fuerte, por ejemplo tras una infección o accidente.
En España hay casi cuatro millones de personas con diabetes y 3,5 millones en riesgo de desarrollar la enfermedad. Supone un coste directo del 10% del presupuesto sanitario español. En 2015, este gasto fue de unos 6.000 millones de euros. “Cualquier esfuerzo de investigación o de educación en torno a la diabetes, cualquier actuación que hagamos que disminuya estas cifras, aumentará la sostenibilidad del sistema”, defiende el ex-ministro de sanidad Bernat Soria, que ha participado en este estudio. Su centro de investigación, Cabimer, cuenta con cinco grupos científicos distintos especializados en diabetes.
https://elpais.com/elpais/2018/04/13/ciencia/1523611663_019071.html?id_externo_rsoc=FB_CM

viernes, 13 de abril de 2018

Los que entienden matemáticas controlan el mundo”

“Los    Los que entienden matemáticas controlan el mundo”

 

Marcus du Sautoy habla sobre los límites del conocimiento científico en la presentación de su último libro

Un bocadillo de tebeo en la camiseta de Marcus du Sautoy (Londres, 1965) lee “Yo no sé nada”. No es cierto: Du Sautoy ocupa una cátedra de matemáticas en la Universidad de Oxford (Reino Unido) y la cátedra Simonyi para el Entendimiento Público de la Ciencia, un puesto del que relevó al etólogo Richard Dawkins en 2008. El matemático, escritor y divulgador científico está en Madrid para presentar su nuevo libro Lo que no podemos saber, publicado en castellano por la editorial Acantilado.

La camiseta no es una casualidad. Aunque el bocadillo sale de la boca del personaje ficticio Jon Nieve, de Juego de Tronos, Du Sautoy lo ha elegido para llamar la atención a su propia ignorancia. A pesar de sus inmensos conocimientos, este es un científico al que no le da miedo admitir, y afrontar, lo desconocido. El paradójico enunciado recuerda a una cita del físico John Archibald Wheeler: “Vivimos en una isla en un mar desconocido. Según crece la isla de conocimiento, también lo hace el litoral de ignorancia.”

Pregunta: Cuanto más se sabe, más se cuestiona. ¿Es lo mismo cierto para el conocimiento colectivo? ¿O según avanza la ciencia, disminuye lo que no conocemos?
Hay una sensación de que el conocimiento es como una hidra griega: cortas una cabeza y aparecen dos más
Respuesta: Todo depende de la imagen que se use. Hay una sensación de que el conocimiento es como una hidra griega: cortas una cabeza y aparecen dos más. Esta imagen del conocimiento es un círculo: según crece el círculo, el borde, que representa la frontera con lo que desconocemos, también parece agrandarse. Pero hay otra imagen, que es una esfera: cuanto más explores la superficie de una esfera, menor es el área que desconoces. Yo creo que la física nos está dando la sensación de que estamos cartografiando la esfera y convergiendo en lo que llamamos una teoría del todo. Hay una sensación de que quizá lleguemos al punto en que, colectivamente, nuestro conocimiento sea suficiente como para que tengamos la historia de cómo funciona el universo. Pero no lo sabemos.
P: Habla de cartografiar el conocimiento como si fuera algo que ya existe, esperando ser descubierto. Si los extraterrestres hicieran ciencia, ¿llegarían a las mismas leyes físicas, tendrían las mismas matemáticas?
R: Creo que las matemáticas son únicas. Yo soy un platónico en el fondo, supongo que porque soy matemático. Como humanos, puede que estemos limitados en las disciplinas que podemos explorar, estudiar y entender; tenemos limitaciones por nuestra cultura, nuestra anatomía. Pero sí creo en un mundo platónico subyacente que todos observamos por una mirilla, y un extraterrestre tendrá otra mirilla.
P: En su libro menciona conocimientos que nunca podremos alcanzar por su propia naturaleza. ¿Son preguntas que los humanos no podemos responder, o es que no tienen respuesta?
Una pregunta que no tiene respuesta no es interesante
R: No es que no tengan respuesta, pero la respuesta no se puede alcanzar por procesos finitos. Una pregunta que no tiene respuesta no es interesante. Por poner un ejemplo tangible: ¿es el universo finito o infinito? Eso tiene respuesta. Asumimos que es infinito, pero hay un límite a lo que conocemos porque la información viaja a la velocidad de la luz y el universo nació hace 13.800 millones de años. Estamos en una burbuja, y da igual lo inteligentes que seamos, lo complejos, o cuántos ordenadores usemos, no hay forma de que nos pueda llegar información más allá de los bordes de la burbuja. Creo que ese es un buen ejemplo de una limitación intrínseca acerca del conocimiento que el universo físico impone sobre cualquier ser que quiera conocerlo.
P: Ahí es donde entra en juego la religión para mucha gente, incluidos los científicos. ¿Cree que son compatibles la ciencia y la religión?
R: Uno de los problemas de la religión es lingüístico, la inhabilidad de definir a qué nos referimos con ciertos términos. Por eso en el libro me guío por el teólogo Herbet McCabe y digo: “definamos Dios como todo aquello que no podemos conocer.” En ese sentido, mientras existan límites al conocimiento, sí son compatibles la ciencia y la religión. Creo que a eso se refieren muchos científicos religiosos; dicen "yo no sé de dónde ha salido esto, lo voy a llamar Dios, el creador, pero lo que crea sigue leyes que puedo estudiar como científico". Es lo que llamamos ser deísta. Creo que el verdadero problema de compatibilidad es para los teístas: ellos creen que su dios está actuando en el mundo. Creo que es una tensión interesante que merece la pena explorar, y por eso quise dar más matices que los que daba Richard Dawkins en este debate.
P: Se distancia de la postura de Dawkins con respecto a la religión. ¿Cree que él sobrepasó alguna raya cuando ocupaba la cátedra para el Entendimiento Público de la Ciencia?
R: No. Richard [Dawkins] siempre ha tenido cuidado de usar la ciencia como su herramienta de argumentación. De esa forma centró la atención de la gente en los motivos por los que creemos en la evolución, por qué sabemos que es una teoría robusta que sobrevive a la crítica. Creo que tuvo su momento y su lugar, pero la postura de Richard ha polarizado el debate, y a mí me gustaría tener un debate más sutil, con más matices, pasado ese momento importante de la publicación de El espejismo de Dios.
P: ¿Qué papel tiene como catedrático para el Entendimiento Público de la Ciencia de Oxford?
Es muy importante que los científicos se suban al plató e involucren a la sociedad
R: Yo me considero un embajador. La ciencia es como un superpoder: tiene tanto impacto en el resto de la sociedad... es como un continente enorme. Y sin embargo, muchas crisis políticas de la ciencia, como la polémica de los organismos modificados genéticamente o de la investigación con células madre, surgieron porque el público no las entendía. Por eso creo que es muy importante que los científicos se suban al plató e involucren a la sociedad. Lo que quiero hacer es tender puentes y crear diálogo, para entender por qué a la gente le preocupan los organismos modificados genéticamente. Si los científicos somos proactivos, podemos atender a los miedos innecesarios que puedan surgir sobre el impacto de la ciencia.
P: Habla de diálogo y de involucrar a la sociedad, no del "entendimiento público de la ciencia" del que se hablaba hace unos años. ¿Es una frase anticuada y condescendiente?
R: Sí, yo creo que sí lo es. Me parece que es muy de vieja escuela. Pero la cátedra se creó en los años noventa, cuando se tenía la visión de "nosotros, los científicos, os damos las respuestas y vosotros nos escucháis". Estoy intentando implementar una versión moderna a mi papel, el título suena anticuado.
P: De todas las ciencias, la gente siente una fascinación especial por su disciplina, las matemáticas, a pesar de ser una de las asignaturas más odiadas en los colegios. ¿Por qué?
Creo que la gente se da cuenta de que los 'numerati', los que tienen las matemáticas, tienen poder
R: Creo que es porque, una vez tras otra, nos damos cuenta de que las matemáticas subyacen todo lo demás. Para entender cualquier ciencia hacen falta las matemáticas: son el mejor idioma, el lenguaje de la naturaleza. Y creo que la gente entiende, cuando lee sobre las matemáticas, que son un idioma muy poderoso y que los que lo entienden controlan el mundo. Si se pregunta "¿quiénes son las potencias de este mundo ahora?", no son los jefes de naciones, son los jefes de empresas como Google, Facebook y Apple. Son gente que sabe matemáticas. Los creadores de Google, Sergei Brin y Larry Page, son dos geeks que entendieron que las matemáticas nos permiten navegar una red complejísima. Creo que la gente se da cuenta de que los numerati, los que tienen las matemáticas, tienen poder.
La tragedia es que parece que en la educación nos timan. Y es un problema de todos los sistemas educativos, no solo en España. Cuando llegamos a secundaria, las asignaturas se vuelven estancas. Hay clase de matemáticas, luego de música, luego de historia, pero no hacemos las conexiones entre ellas. Cuando hacemos matemáticas no entendemos que son la base de la música. La gente no se da cuenta de que las matemáticas tienen una historia. Hubo un momento en el que no teníamos el cero, y a alguien se le ocurrió el concepto del cero. La forma de abordar el problema educativo es contextualizar las matemáticas.
P: Ha llamado a las matemáticas "el lenguaje de la naturaleza". ¿Considera que existen fuera de la mente humana?
Las matemáticas son el dios que todos buscamos
R: Sí. Y lo que es más, diría que el motivo por el que vemos matemáticas en todas partes es porque somos una manifestación física de las matemáticas. El universo es una pieza matemática. A menudo, la gente quiere respuesta a la pregunta ¿quién creó todo esto? Llaman al creador Dios, porque no saben qué llamarlo. Einstein usa el término así. Mis hijos siempre me dicen: “Hay un problema, ¿quién creó al creador?". Necesitamos algo que exista fuera del tiempo y que no necesite creación: las matemáticas son el dios que todos buscamos. Pero es normal que diga eso, soy matemático.
COMPRA ONLINE 'LO QUE NO PODEMOS SABER'
Autor: Marcus du Sautoy.
Editorial: Acantilado (2018).
Formato: tapa blanda (576 páginas)


https://elpais.com/cultura/2018/04/11/actualidad/1523463125_415011.html?id_externo_rsoc=FB_CM